JAPA MALA · OLEATO · INCIENSO · CIRIO · INCENSARIO
Las cinco herramientas que me acompañaron a volver cuando la mente no paraba, juntas en una sola caja.
Solo el japa mala cuesta $740: el kit suma cuatro piezas más por $250.
De una crisis de ansiedad o de rumiación no se sale pensando mejor. Se sale por los sentidos. Muchas terapias usan esta misma idea: cuando la cabeza se acelera, nombrar lo que tocas, hueles y ves te regresa al lugar donde estás.
Cada pieza de esta caja entra por un sentido distinto. Juntas forman un pequeño ritual, y los rituales hacen algo concreto: en un estudio de la Universidad de Harvard, repetir una secuencia de pasos antes de una tarea difícil bajó la ansiedad de quienes la hacían (Organizational Behavior and Human Decision Processes, 2016). No importa tanto qué pasos sean, sino que sean siempre los mismos. Con el tiempo, encender el cirio ya le avisa a tu cuerpo que llegó la pausa.
El japa mala, por el tacto.
108 cuentas de ágata negra mate que se pasan una por una mientras repites una frase, una oración o tu respiración. Le da a las manos algo que hacer mientras la mente se acomoda. En su ficha te cuento con calma qué es, de dónde viene y qué dice la investigación sobre la repetición.
El oleato, por la piel.
Preparado a mano: aceite de oliva en el que reposan romero, manzanilla y lavanda, con unas gotas de esencia de mirra. Las tres hierbas son plantas de casa: la manzanilla y la lavanda son aromas que desde siempre acompañan el descanso, y el romero tiene un olor limpio que despierta. La mirra les da un fondo cálido y resinoso. En la tradición cristiana, ungir con aceite es apartar algo para Dios. Este no es un óleo bendito ni un sacramento. Es un gesto pequeño: unas gotas en las muñecas, acercarlas a la nariz y respirar tres veces.
El incienso, por el olfato.
Una caja de 60 varitas de sándalo. El olfato es el único sentido que llega directo a las zonas del cerebro que guardan las emociones y los recuerdos, por eso un olor puede cambiar tu estado antes de que lo pienses. Si usas siempre el mismo, termina por ser la señal de que empieza tu momento. El incienso acompaña la oración en muchas tradiciones: en los templos budistas se ofrece frente al altar, y en la nuestra se reza con el salmo: "Suba mi oración como incienso en tu presencia".
El cirio, por la vista.
Un cirio blanco de 7 × 7 cm. Una llama le da a los ojos un punto fijo, y una mirada quieta ayuda a que lo demás se aquiete. Si creciste prendiéndole una veladora a la Virgen, ya sabes lo que es: una luz que se queda encendida por ti mientras rezas. En el budismo, la lámpara que se ofrece en el altar representa la claridad que se abre paso en la oscuridad.
El incensario de flor de loto, para el lugar.
Una práctica sin lugar se abandona pronto. El incensario le da a todo un sitio fijo en tu casa. Elegí el loto a propósito: en el budismo es la flor que nace del lodo y sale limpia a la superficie. Es lo más parecido que conozco a salir de una crisis.
Si un día no tienes quince minutos, no te saltes la práctica: enciende el cirio y pasa diez cuentas. Volver poco también es volver.
Para ti, si quieres empezar una práctica y no sabes por dónde. No necesitas experiencia ni un altar: con una mesa basta. También para regalarlo a alguien que está pasando por un momento difícil.
Enciende el incienso y el cirio sobre una superficie que no se queme, en un espacio ventilado, y nunca los dejes solos. Apaga el cirio antes de dormir o de salir de casa.
El oleato es de uso externo: no lo ingieras, evita el contacto con los ojos, prueba primero en una zona pequeña de piel y suspende su uso si te irrita. No lo uses si tienes alergia a alguna de sus plantas (la manzanilla es de la familia de la margarita). Si estás embarazada o lactando, consulta antes de usarlo. Mantén todo fuera del alcance de niñas, niños y mascotas.
No necesitas creer en nada en particular para empezar. Yo llegué a estas herramientas estando en tratamiento psiquiátrico y psicológico, no en lugar de él. Acompañan tu práctica y tu oración; no sustituyen la atención de un profesional de salud mental.
Alejandro